La obra del compositor Luigi Nono (1924-1990) me ha descubierto nuevos horizontes sonoros y siempre la he tomado como punto de partida en mi pensamiento. Es una música radical: nadie ha indagado jamás tan lejos las posibilidades del sonido así como en la expresividad latente en ellas, hasta el punto de componer música sólo desde la respiración en el instrumento (Das Atmende Klarsein) o arrancar sonidos de una calidad extrema -y de una delicadeza extrema- al vacío (Fragmente Stille - An Diotima). Toda esta concepción musical es consistente con una conciencia abierta de primera magnitud [especialmente la del último período del compositor en el que sobresale la obra Prometeo, bellísima nebulosa galáctica dentro de una constelación sonora formada también por las mencionadas Das Atmende Klarsein, Fragmente Stille - An Diotima, así como por Guai ai Gelidi Mostri, "No hay caminos" en homenaje a Andrei Tarkovski, A Carlo Scharpa, architetto, ai suoi infiniti possibile...]. La obra de Luigi Nono, en su hermetismo y extrema sutileza, unifica las dimensiones ética, estética y política del ser humano. El resultado es una música agresiva al oído, discontinua y resquebrajada, que progresa de un modo no lineal sobre el silencio. Una música que es necesario escuchar con la mente. El Prometeo, el mayor drama sonoro que se escribió durante el siglo XX, es justamente eso, una Tragedia de'll ascolto, una "Tragedia de la escucha" en la que los sonidos son las Dramatis personae, moviéndose por el espacio y actuando como tales. Una música que se resiste a la subordinación a otras tareas ajenas a ella, tal y como le sucede a la mayor parte de la música en la sociedad capitalista y que paga, por ello, el precio que el arte debe de pagar hoy, renunciando a toda grandilocuencia y biensonancia y confiándose a lo que apenas es fragmento para extraer de ahí significado y fuerza. De este modo, la música se solidariza con la vida y es vida sonora. El Prometeo, aúna pasado, presente y futuro en su ruptura, nos hace así percibir en su resquebrajamiento, desde un reflejo lejano, todo lo que ha sido roto (Walter Benjamin). El Stasimo Secondo, la pieza que cierra la obra compuesta sobre la idea de los cori spezzatti de los hermanos Gabrieli, deja la obra abierta llena de reflejos de una utopía distante. Toda la música está surcada por Hölderlin, Walter Benjamin, Hesíodo... incluso allí donde ellos no "pronuncian" sus palabras. Luigi Nono anotaba versos y pensamientos sobre las partituras no para ser cantados sino para hacer pensar a los músicos desde la propia música, como si por el hecho de pensar hoy en día, con la amargura que eso conlleva, con la resistencia y el esfuerzo que uno tiene que hacer siempre para avanzar, eso fuese ya una fuente de sonido. Para mí lo es y lo será siempre. Un manantial sonoro que brota de la insatisfacción y del inconformismo.
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