Concibo la poesía como la expresión clara de una necesidad. Y que el poema necesite escribirse quiere decir
probablemente lo siguiente: el ser humano necesita ver clara su necesidad, ponerse a trabajar con este fin.
La necesidad no es meramente el deseo o el gusto. En una sociedad injusta, donde el todo no puede estar en paz, donde la diversidad está
amenazada y los hombres arrastran penosamente sus contradicciones, no está clara la forma de nuestras necesidades. Como T. W. Adorno explicara, éstas mismas están corrompidas -ni las necesidades
individuales ni las colectivas pueden satisfacerse- debido a la explotación y a la estructura de intereses creados. Lo que pasa por una necesidad es también una mercancía: está sometido a las
leyes del cambio, contiene una abstracción adicional que es utilizada violentamente contra nosotros: tenemos que pagar un precio.
Una sociedad donde las necesidades individuales y colectivas pudieran satisfacerse plenamente sería una sociedad poética: al liberarlas del lastre de la violencia contra la vida las necesidades
estarían en una forma clara y óptima y, en virtud del progreso técnico, podrían satisfacerse. La poesía no puede interpretar el mundo ni cambiarlo para llegar a ese estado. La poesía es, en todo
caso, un reflejo fragmentado de la utopía. Ella es memoria del futuro, si es que las posibilidades materiales permiten el futuro. Y, por tanto, también es lamento por el presente: no podemos
percibir el futuro como una mónada aislada de nuestra actual situación. La necesidad toma una forma concreta en el presente. Es su satisfacción lo que pertenece al futuro.
Porque la poesía es un reflejo utópico del futuro, su forma debe estar a la altura del mismo. Es necesario el trabajo con el lenguaje y su
economía para alcanzar la claridad. No es el "menos es más" de los minimalistas, sino que "lo necesario es lo justo". La claridad de la necesidad en la poesía permea todos sus momentos formales,
que aparecen constelados por la propia estructura de la necesidad. Para el poema no hay fórmula ni suelo estable. El cliché del estilo, la mera comunicación directa, el fetichismo de lo
hermético, los mundos simbólicos cerrados, los inventarios de la realidad, las concepciones del mundo, la dictadura del yo... son guaridas que, absolutizadas como técnica o filosofía del poema
nos escatiman el acceso a la poesía. El poema es, ante todo, una epifanía. Y para ella, no es posible el cálculo si éste no está dispuesto a agotarse y ceder para abrir paso a lo que, con
justicia, lo supera. La transcendencia acontece en este punto y es necesaria. El trabajo en el poema es, por tanto, la concentración en la liberación de las posibilidades del lenguaje mediante
las imágenes y el ritmo -la sustancia material del poema-. La imaginación no habita tampoco en sí misma en forma de mera fantasía sino que arriesga para establecer vínculos con la emoción humana.
Porque al final el poema coincide con una expansión del erotismo, con una victoria de Eros contra Tanatos, de lo concreto liberado contra la esclavitud de la abstracción, del impulso hacia la
búsqueda de armonía contra la tendencia autodestructiva del ser humano que, en su proyección social, da forma a la actual miseriacolectiva.
München, 29 de Noviembre de 2009
Publicada en El despertar